Los creadores de la cumbia amazónica psicodélica se presentaron en Palermo -después de La Plata y antes de Uruguay- y dejaron en claro que su sonido bailantero sigue vigente.

Tal vez alguno haya oído hablar de ‘La danza de los mirlos’, aquel popular título que Pablo Lescano hiciera un mega hit en los años dorados de la cumbia villera en nuestro país. Aquel cover se bailó hasta el cansancio a lo largo y a lo ancho de la Argentina, y era una canción de estos verdaderos precursores del género peruano, cuando el rock se mezcló con la música folklórica del Perú.

Ellos no tienen stages: cuando Faauna se bajó del escenario con su sonido de cumbia electrónica aún flotando en el aire ,fueron los mismos músicos los que aparecieron para armar su set. Ademas de virtuosos músicos, son honorables laburantes del espectáculo, teniendo en cuenta que sus referentes son hombres de edad: se acomodaron tres shows en menos de 48 horas, incluyendo una presentación en Uruguay.

No faltaron las banderas peruana y argentina sobre el escenario, en lo que fue una clara muestra sincera de amor y respeto. Cuando hubo que gritar el ‘hurra’ propuesto desde el escenario, el que más fuerte sonó fue el que celebraba el pabellón rojo y blanco.

 

Llevan 43 años interpretando este estilo único de nuestra región -que desde hace décadas suena en boliches porteños como los predecesores del exitoso ritmo tropical- y desde hace un tiempo a esta parte están siendo mucho más reconocidos a través de su presencia en festivales de ‘world music’ latinoamericanos.

La muñeca de Danny Jhonston, el detrás de ese histórico punteo que configura la sonoridad característica de los Mirlos, no da indicios de artrosis ni nada parecido: el groove de la amazonia peruana transmite esa sensación de baile imparable, donde las escalas de las cuerdas dibujan las curvas imitadas por las caderas, las rodillas y demás articulaciones del cuerpo.

“Nosotros llegamos a Lima el año 1973, cargados de ilusiones desde el departamento de San Martín, Moyabamba, y logramos imponer temas como:Sabor a selva, El poder verde, y El lamento de la selva, por lo que nos bautizaron como “Los charapas de oro”. Ahora mis hijos y sobrinos también integran “Los Mirlos”, nombre de un pajarito que imita los sonidos”, dijo Jorge Rodríguez, cantante y fundador de la banda en una entrevista reciente.

El éxtasis fue sin duda ‘la danza de los mirlos’. Con el inconfundible sonido de la selva conquistaron Argentina, Colombia y Chile. Y esa potencia tropical aún tiene mucho para dar, en un momento en que por estos lados nos sacamos los prejuicios y dejamos de lado aquel odio casi futbolero de décadas pasadas, será cada vez más bienvenida la música de raíz, esa que guarda y conserva la cultura latinoamericana.